Fracturas orbitarias

Traumatismo orbitario con afectación ósea. Requiere diagnóstico preciso y, en algunos casos, cirugía reconstructiva.

¿Qué son las fracturas orbitarias?

Las fracturas orbitarias son roturas de una o varias paredes óseas de la órbita, habitualmente tras un traumatismo facial. Pueden afectar al suelo orbitario, la pared medial, el reborde orbitario o formar parte de fracturas faciales más complejas. La prueba clave para confirmarlas y valorar su extensión es la tomografía computarizada.

No todas producen el mismo problema. Algunas fracturas apenas alteran la anatomía y pueden vigilarse, mientras que otras desplazan tejidos orbitarios, atrapan músculos extraoculares o cambian el volumen de la órbita. Cuando eso ocurre, pueden aparecer visión doble, dolor al mover el ojo, hundimiento ocular o deformidad facial.

Por eso no conviene reducir esta patología a “un hueso roto alrededor del ojo”. En una fractura orbitaria importa proteger la visión, recuperar la movilidad ocular, reconstruir el volumen orbitario y evitar secuelas funcionales o estéticas a medio plazo.

  • Fractura de órbita
  • Atrapamiento muscular
  • Visión doble
  • Reconstrucción orbitaria

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Cuándo está indicada este tratamiento

El tratamiento de una fractura orbitaria depende del tipo de fractura, de la exploración ocular y de la TC. Muchas fracturas pequeñas y sin alteración funcional pueden observarse, pero otras exigen valoración quirúrgica por el riesgo de diplopía persistente, enoftalmos o atrapamiento muscular.

Atrapamiento muscular y restricción de los movimientos oculares

Cuando la fractura atrapa un músculo extraocular o tejidos orbitarios, el ojo no se mueve con normalidad y aparece dolor o diplopía, sobre todo en la mirada vertical u horizontal según la pared afectada. Esta situación puede requerir cirugía urgente, especialmente si existe restricción marcada o signos del reflejo oculocardíaco.


Diplopía que persiste y afecta a la vida diaria

Tras el traumatismo, la visión doble puede mejorar cuando baja el edema. Pero si persiste y realmente interfiere en la lectura, la marcha o la actividad habitual, la reparación quirúrgica pasa a ser una indicación razonable. No operar por sistema aquí es tan importante como no retrasarse cuando la diplopía deja de mejorar.

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Hundimiento ocular o fractura amplia

Las fracturas grandes o con aumento del volumen orbitario pueden acabar provocando enoftalmos, es decir, que el ojo quede más hundido. A veces no se aprecia de inmediato y se hace más evidente cuando cede la inflamación. En estos casos la reconstrucción busca restaurar el soporte y el volumen de la órbita.


Fracturas pediátricas o cuadros urgentes

En niños y adolescentes hay que vigilar especialmente las fracturas tipo trapdoor. Pueden dar pocos signos externos y, aun así, atrapar músculo y desencadenar náuseas, vómitos, bradicardia o síncope por reflejo oculocardíaco. Además, si existe hematoma retrobulbar con pérdida visual progresiva, la urgencia es máxima.

¿Por qué elegir un especialista en fracturas orbitarias?

Porque una fractura orbitaria no se resuelve bien solo con “cerrar el hueso”. Hay que valorar visión, pupilas, motilidad ocular, sensibilidad facial, posición del globo ocular y relación entre la fractura y los tejidos blandos orbitarios. Si ese análisis es superficial, aumenta el riesgo de secuelas funcionales o de una reconstrucción incompleta.

Además, la cirugía orbitaria trabaja cerca del nervio óptico, de los músculos extraoculares y del párpado inferior. La literatura describe complicaciones potenciales como diplopía residual, retracción palpebral, epífora, infección del implante, enoftalmos persistente e incluso pérdida visual, aunque esta última sea infrecuente. Esa cercanía anatómica obliga a operar con criterio y experiencia real en órbita.

En Medel Eye Hub esta página debe hablar desde autoridad médica y patología compleja, no desde mensajes simplificados. Vuestro propio marco estratégico sitúa la cirugía oculoplástica compleja y las reconstrucciones orbitarias en el núcleo del posicionamiento, y da mucho peso al seguimiento intensivo y a la atención de pacientes nacionales e internacionales.

Cómo realizamos la intervención en Medel Eye Hub

En Medel Eye Hub planteamos las fracturas orbitarias como cirugía reconstructiva de precisión. El objetivo no es solo reparar una pared ósea, sino proteger la visión, liberar el atrapamiento cuando existe y restaurar la anatomía orbitaria con el menor impacto posible sobre el ojo y el párpado.

Valoración ocular y radiológica completa

Antes de decidir el tratamiento, realizamos una valoración clínica detallada de la visión, la motilidad ocular, la sensibilidad facial, la posición del globo y la presencia de diplopía, dolor o signos de atrapamiento. En paralelo, la TC permite definir qué pared está afectada, el tamaño del defecto y si hay herniación o incarceración de tejidos orbitarios.
Esta fase es decisiva porque no todas las fracturas necesitan cirugía inmediata. En algunos casos la observación es la mejor opción inicial; en otros, la clínica o la imagen dejan claro que el paciente no debe esperar.

Reconstrucción anatómica de la órbita

Cuando la cirugía está indicada, el objetivo es liberar los tejidos atrapados, reintroducir de forma atraumática el contenido orbitario y reconstruir la pared o paredes lesionadas para devolver a la órbita su volumen y soporte. Según el tipo de fractura, pueden emplearse abordajes y materiales reconstructivos distintos, buscando siempre una reparación anatómica y estable.
En fracturas del suelo o de la pared medial suelen preferirse abordajes poco agresivos cuando son adecuados, porque ayudan a exponer bien la lesión y a reducir el riesgo de secuelas palpebrales. La cirugía no se diseña por rutina, sino en función de la fractura concreta y de los hallazgos del paciente.

Seguimiento estrecho y control funcional

Después de la intervención, el control postoperatorio forma parte del tratamiento. Hay que vigilar visión, pupilas, motilidad ocular, posición del globo, inflamación y evolución del párpado inferior, además de confirmar que la reconstrucción mantiene la órbita estable y sin nuevo atrapamiento.
Este enfoque encaja con vuestro modelo asistencial: seguimiento intensivo, especialmente útil en patología compleja y en pacientes desplazados, con una comunicación postoperatoria muy estructurada durante las primeras semanas.

Recuperación y Seguimiento Médico

La recuperación depende de la gravedad de la fractura y de si ha precisado cirugía. En la fase inicial son frecuentes la inflamación periocular, los hematomas, el dolor y cierta limitación transitoria de la motilidad ocular. En pacientes operados también puede haber molestias conjuntivales, lagrimeo o sensibilidad alterada en la región infraorbitaria.

Durante los primeros días conviene aplicar frío local, mantener la cabeza elevada y evitar sonarse la nariz o hacer maniobras de Valsalva, porque eso puede favorecer enfisema orbitario o aumentar la inflamación. En algunos casos se utilizan corticoides a corto plazo o tratamiento adicional según la valoración médica y las lesiones asociadas.

Tras la cirugía, se recomienda comprobar la visión en la recuperación y revisar al paciente de forma estructurada en la primera semana, a las tres semanas y a los dos o tres meses; además, con frecuencia se solicita una TC postoperatoria para verificar la posición del implante. El resultado funcional no debe juzgarse demasiado pronto: parte de la diplopía inicial puede mejorar y parte del enoftalmos puede hacerse visible solo cuando baja el edema.

El seguimiento también sirve para detectar precozmente complicaciones poco frecuentes pero relevantes, como diplopía persistente, malposición del párpado inferior, infección del material, enoftalmos residual o problemas visuales. En cirugía orbitaria compleja, el control posterior no es secundario; es parte del tratamiento bien hecho.

Preguntas frecuentes sobre fracturas orbitarias

Los signos más típicos son dolor alrededor del ojo, visión doble, limitación para mover el ojo, inflamación importante, hematoma periocular, hormigueo o pérdida de sensibilidad en la mejilla y, en algunos casos, hundimiento del ojo. También puede haber dolor al mirar hacia arriba o hacia los lados, según la pared afectada y si existe atrapamiento muscular.
Hay un matiz importante: una fractura orbitaria puede ser seria aunque por fuera no parezca espectacular. Esto es especialmente cierto en niños, donde algunas fracturas trapdoor muestran pocos signos externos y, sin embargo, sí atrapan músculo y exigen actuación rápida.

No. Ese es uno de los errores más frecuentes. Muchas fracturas pequeñas, no desplazadas y sin diplopía relevante, atrapamiento ni cambio significativo del volumen orbitario pueden vigilarse sin cirugía. De hecho, en una serie publicada sobre fracturas orbitarias aisladas del suelo, solo alrededor del 10% desarrolló indicación quirúrgica.
La decisión correcta no es “operar o no operar” en abstracto, sino valorar qué fractura tiene ese paciente, cómo está el ojo y cómo evoluciona en los primeros días. Operar de más es mala medicina; operar tarde cuando hay atrapamiento o secuelas en marcha también lo es.

Hay indicaciones urgentes y otras diferidas. La cirugía urgente se plantea ante atrapamiento severo, reflejo oculocardíaco, hematoma retrobulbar con afectación visual progresiva o algunas fracturas pediátricas trapdoor. En otros casos, la indicación aparece porque persiste la diplopía que afecta a la vida diaria o porque la fractura es amplia y favorece enoftalmos.
En fracturas no urgentes, muchas decisiones se toman dentro de los primeros días o primeras dos semanas. Un metaanálisis encontró mejores resultados cuando la cirugía se realiza dentro de los 14 días frente a más tarde, aunque la prioridad real siempre la marca la clínica y no solo el calendario.

La prueba principal es la TC orbitofacial de cortes finos, porque permite ver la fractura, el tamaño del defecto, el desplazamiento de tejidos y la posible incarceración muscular. Pero no basta con la imagen: también hace falta una exploración ocular completa, incluyendo visión, pupilas, motilidad ocular, presión intraocular cuando procede y fondo de ojo.
Ese enfoque combinado importa mucho. Una TC puede describir el hueso, pero no sustituye la valoración funcional del ojo. En una fractura orbitaria, imagen y exploración clínica tienen que leerse juntas.

Depende del tipo de fractura y del defecto. La literatura describe el uso de distintos implantes y materiales reconstructivos para restaurar el soporte de la órbita, desde mallas de titanio hasta implantes aloplásticos u otras opciones según el caso. Lo importante no es el nombre del material, sino que permita una reconstrucción anatómica estable y segura.
Prometer que un material concreto es “el mejor” para todos los pacientes no sería serio. En cirugía orbitaria compleja, la indicación correcta y la buena ejecución pesan más que cualquier mensaje comercial sobre el implante.

Lo habitual es tener inflamación, morados y molestias locales durante los primeros días. Puede persistir cierta visión doble transitoria mientras los tejidos se desinflaman, y por eso el resultado no debe juzgarse demasiado pronto. Además, hay que evitar sonarse la nariz y seguir de forma estricta las pautas de revisión.
Después de la cirugía se controlan visión, pupilas, motilidad y evolución del párpado, y en muchos casos se solicita una TC postoperatoria para verificar la reconstrucción. El objetivo no es solo que el paciente esté mejor, sino confirmar que la órbita ha quedado bien restaurada y sin secuelas evitables.

Sí. En población pediátrica hay que tener un umbral más bajo de sospecha. Las fracturas trapdoor pueden presentar poca inflamación externa pero sí atrapamiento muscular y reflejo oculocardíaco, con náuseas, vómitos, bradicardia o síncope. Ese patrón no debe banalizarse ni confundirse con un simple mareo tras el golpe.
En estos casos, retrasarse es mala idea. El niño puede parecer menos lesionado de lo que realmente está. Precisamente por eso esta patología debe evaluarse por un equipo que conozca bien la órbita y sepa distinguir qué puede observarse y qué no.